El cortometraje documental, rodado en Tigray, Etiopía, visibiliza las historias de sobrevivientes de violencia sexual en contextos de guerra y ha obtenido 10 premios en festivales nacionales e internacionales.
Mazatlán, Sinaloa, 31 de agosto del 2026.- En el Cinematógrafo del Centro Municipal de las Artes se transmitió la obra “La Fuerza del silencio” con la presencia del director del productor Iñaki Luis.
Inaki compartió que La fuerza del silencio pretende visibilizar las historias de quienes han sufrido violencia sexual en contextos de guerra, se trata de un proyecto creado de a partir de un proyecto fotográfico realizado en la región de Tigray, Etiopía.
Iñaki Luis fotógrafo, productor y cineasta responsable de la obra explicó que el proyecto comenzó en 2022, cuando un equipo de trabajo viajó a la región para realizar una exposición fotográfica itinerante y un pequeño documental enfocado en generar conciencia sobre las consecuencias de la guerra y la violencia.
Posteriormente, surgió la posibilidad de transformar aquel trabajo en una producción cinematográfica de mayor alcance, dando como resultado el cortometraje documental que actualmente ha logrado una importante presencia en festivales nacionales e internacionales.
La obra ha obtenido 10 premios en diferentes festivales y llegó a la final de los Premios Fugaz, considerados uno de los principales reconocimientos al cortometraje en España, dentro de la categoría documental, donde fue seleccionada entre más de 700 obras.
El realizador señaló que uno de los principales retos durante la producción fue trabajar en una región que todavía atravesaba una situación de inestabilidad política y social. A ello se sumaron las dificultades para proteger la identidad de la protagonista, una sobreviviente de violencia sexual que, además de enfrentar las consecuencias de la agresión, sufría estigmatización por parte de su familia y de la sociedad.
“Tenía que asumir una doble pena: no solo ser superviviente de violencia sexual, sino estar estigmatizada por su familia y por la sociedad”, explicó.
Otro de los desafíos fue la barrera del idioma, ya que la historia fue registrada en tigriña, una de las lenguas habladas en Etiopía, además de contar con recursos limitados y únicamente una semana para realizar el trabajo de campo.
El cineasta relató que, durante la producción, también enfrentaron obstáculos para documentar los casos de violencia sexual ocurridos durante el conflicto, debido a los intentos de invisibilizar esta problemática. A pesar de las dificultades, el equipo logró encontrar la historia que permitió construir el cortometraje.
La producción y posproducción también representaron un reto debido al reducido equipo de trabajo. La realización involucró a dos personas en producción y a colaboradores mexicanos en la etapa de posproducción, entre ellos un técnico especializado en inteligencia artificial y animación, así como el compositor musical Paula Acevedo, español radicado en México desde hace 17 años.
Para el realizador, el valor de la obra va más allá de los reconocimientos obtenidos, pues considera que el cine documental tiene la capacidad de generar empatía y contribuir a visibilizar problemáticas que permanecen ocultas.
“Hay historias que merecen ser contadas, que tocan los corazones, y que el cine no solo sirva para tocarnos el corazón, sino para visibilizar causas invisibles y concienciar”, expresó.
Finalmente, destacó que, aunque una película no puede cambiar por sí sola la realidad, sí puede convertirse en un primer paso para conocer y comprender las consecuencias que dejan los conflictos armados y, particularmente, la violencia que enfrentan las mujeres durante las guerras.
Por su parte los presentes tuvieron la oportunidad de realizar una ronda de preguntas y obtener respuestas del productor.




