Un apunte para la crónica de San Ignacio.
Por: Juan Ramom Manjarrez
A principio de los años 60, El barrio de Santa Teresita estaba dentro de lo que otrora fue un potrero donde se sembraba maguey mezcalero, al poniente del pueblo de San Ignacio y al margen derecho del río Piaxtla. En ese tiempo, el barrio de Santa Teresita, iniciaba desde el callejón de Los Sacrificios hasta prácticamente la casa y carpintería de don Florentino Valverde incluyendo la vega de don Lauro Iribe, otras viviendas: la casa de Isabel Valverde y Nicanor Castro (de los primeros habitantes del lugar), la casa de don Regino, la casa don Mauro Vega, la casa de doña Catalina Manjarrez y don Nacho Rochín y la casona, ahora en ruinas, de Gilberto Millán y Susana Bastidas. En este mismo barrio está El Corazón, una fuente de aguas termales que ya para los 70 del siglo pasado se conocía como Los Lavaderos del Corazón. Este lugar es un espacio histórico ya que los Jesuitas fundadores de la misión central de San Ignacio la utilizaban mucho, incluso tuvo que ver con que San Ignacio pueblo, se fundara en ese lugar.
El gobernador Plácido Vega, visitó la Villa de San Ignacio los primeros días de Julio de 1861 y ordenó se hiciera un plano topográfico de la Villa, donde se da cuenta de este manantial de aguas termales y se registra con el nombre de: Fuente Llamada Presa de los Jesuitas. El plano está fechado al calce, el 12 de julio de 1861y firmado por el científico alemán, Federico Weidner, de quien ya nos ocuparemos en otro apunte. (Mi amigo el Dr. Félix Brito Rodríguez, publicó en la revista La voz del Norte, un bien documentado artículo, sobre este personaje).
El barrio de Santa Teresita surgió con ese nombre a partir de una idea de la profesora y poeta Otila Macrina Millán Bastidas, quien, al leer, en una revista francesa, la vida de Santa Teresita del Niño Jesús, se conmovió tanto que habló con el Monseñor José Cerda Leal, entonces párroco de la iglesia de San Ignacio y le pidió iniciar un centro de espiritualidad que llevara el nombre de la Santa.
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La mañana del día 3 de octubre de 1943, en el portal de la casa, conocida con el nombre “La mezcalera” el Monseñor Cerda ofició misa e hicieron la primera comunión 50 niños y niñas con lo cual quedó formalizado el Centro Espiritual Teresita del Niño Jesús. (De los 50 niños que hicieron la primera comunión en esa ocasión, sobrevive solamente la niña Lucila Castro ahora doña Chila Castro).
La Mezcalera, era la casa de Gilberto Millán y Susana Bastidas, padres de Otila Macrina. De esta casa quedan algunas paredes que dan cuenta de su grandeza. Sus últimos inquilinos fueron doña Esther Hernández, que durante muchos años vendió pan casero, y don Gerónimo Vega.
Las primeras catequistas fueron, Otila Macrina Millán Bastidas, Otila Angulo Millán, Acela Almaral, Socorro Larrañaga y Virginia Valdez, éstas dos últimas tomaron los hábitos como monjas de la Orden del Carmelo, Socorro asumió el nombre de religiosa como Teresita del Niño Jesús y Virginia como María de la Eucaristía. Vale la pena anotar que Otila Angulo Millán, también buscó ingresar a una orden religiosa pero su padre, don Rafael Angulo, no se lo permitió.
Tiempo después, el Centro, entonces ya conocido como Centro de Catecismo Santa Teresita del Niño Jesús cambió su cede a la casa de doña Catalina Manjarrez y el barrio empezó a conocerse popularmente, como el barrio de Santa Teresita.
En esa cede, el centro se convirtió en un lugar donde no solamente se recibían clases de catecismo, sino que algunas festividades como, Semana Santa, Navidad, día de Reyes entre otras fechas, se realizaban con mucha algarabía. La enramada que era la sede principal de Santa Teresita, estaba frente a la casa de doña Catalina, se adornaba con flores de san miguelito y se tiraban cuetes por la tarde noche. Muchas veces se repartían dulces a los niños y ofrecían tamales de nixcoco, de pollo y champurrado.
Así continuó este popular barrio hasta que en octubre de 1977, el presidente de México, José López Portillo y el Gobernador de Sinaloa, Alfonso G. Calderón inauguraron el puente sobre el río Piaxtla y el trazo del pueblo cambió radicalmente, pues ahora la entrada a San Ignacio es justamente por el poniente y en parte cruzando el barrio de Santa Teresita, la calle Porvenir que llegaba hasta el callejón del Sacrificio, se prolongó hasta la cabecera derecha del puente Gabriel Leyva. Desde entonces, poco a poco el barrio fue cambiando su vocación, pasando de Centro de Catecismo a ser una de las calles, más transitadas, de entrada, a la población.
A finales de los 90 doña Bertha Iribe de Barrón, donó una parte del solar de su casa, dentro del polígono del barrio, donde construyeron una capilla dedicada a Santa Teresita del Niño Jesús y donde ahora se venera, rezando el santo rosario diariamente.
Un comentario final, creo que valdría mucho la pena rescatar el manantial de aguas termales El Corazón, en beneficio de todos y dentro del marco de Pueblo Mágico, ya que se trata de un lugar histórico. En abril del 2021, el maestro Diego Rivera Cázares, lo rescató dejándolo impecablemente limpio y pintada su barda perimetral, pero con el tiempo y ante la falta de mantenimiento e inconciencia de los ciudadanos el manantial de aguas termales El Corazón, volvió a llenarse de basura.






