"La danza contemporánea era como ver un poema sudar": Entre recuerdos íntimos y lecturas de su obra, Casa Haas vibró con el talento de la EPDM y el Coro Ángela Peralta en honor a la poeta.
Mazatlán, Sinaloa, 5 de junio de 2026.- La noche del jueves, Casa Haas se convirtió en un espacio donde la literatura, la música y la danza se reunieron para celebrar la vida y la obra de Ana Belén López, una de las voces más sensibles y entrañables de la comunidad cultural mazatleca.
Bajo el título “Entre palabras: En memoria de Ana Belén”, el tradicional programa de Jueves Literario adquirió un carácter profundamente emotivo al reunir a familiares, amigos, artistas, alumnos y público en general para rendir homenaje a una mujer cuya presencia continúa viva en la memoria colectiva a través de su obra y de los innumerables afectos que sembró a lo largo de su vida.



La velada inició con las palabras de María Muñiz, quien recordó que no se trataba de un Jueves Literario más, sino de un encuentro convocado por la presencia permanente de Ana Belén.
La presentadora evocó la emoción vivida durante los ensayos generales y compartió la profunda conexión que se generó entre todos los participantes.
“Fue un ensayo que casi lloraba”, expresó al recordar cómo bailarines, músicos, lectores, directivos y artistas vibraron en una misma frecuencia emocional alrededor de la figura de la escritora.
Muñiz destacó que existen personas cuya huella trasciende el tiempo y la ausencia física.
“Hay permanencias que son para siempre”, afirmó, aludiendo a la manera en que Ana Belén continúa presente cada vez que alguien abre uno de sus libros o vuelve a leer alguno de sus poemas.
La reflexión continuó con la participación del director general del Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán, Oscar García Osuna, quien compartió una visión profundamente humana sobre la escritora y amiga.
Recordó las conversaciones sostenidas con Ana Belén y la afinidad que ambos encontraron en la búsqueda del sentido humano de la existencia.
“Ella desde la magia de la palabra convertida en poesía y yo desde las ciencias del bienestar, estábamos conectados en la búsqueda del sentido humano”, expresó.
García Osuna describió a la autora como una mujer rigurosa, exigente consigo misma y poseedora de una mirada capaz de descubrir poesía en los paisajes cotidianos, en el mar, la ciudad, los jardines y las emociones humanas.
Durante su intervención reflexionó sobre la trascendencia, la impermanencia de la vida y el legado que las personas dejan a través de su obra.
“No sólo estamos aquí para recordarla, sino para confirmar que la palabra hecha poema la volvió más visible, más permanente y más trascendente”, afirmó.
Uno de los momentos más conmovedores de la noche llegó con la participación de Abril, hija de Ana Belén, quien compartió recuerdos íntimos que permitieron conocer una faceta profundamente humana de la escritora.
Recordó una frase que definía la manera en que su madre entendía el arte:
“Mi mamá decía que la danza contemporánea era como ver un poema sudar”.
Aquella visión explica la estrecha relación que Ana Belén construyó entre literatura y danza, disciplinas que consideraba complementarias y capaces de dialogar desde la sensibilidad y la imaginación.
La hija de la escritora destacó que Ana Belén fue poeta, maestra, lectora apasionada y promotora de innumerables encuentros artísticos y humanos.
“Encontró aquí una combinación de todo lo que le apasionaba, incluidos amigos íntimos que con el tiempo se convirtieron en familia”, expresó.
A nombre de su familia agradeció la presencia de todos los asistentes y reconoció el cariño que durante años acompañó a su madre.
Posteriormente tomó la palabra el maestro Víctor Ruiz, uno de sus amigos más cercanos y compañero de proyectos creativos.
Con evidente emoción recordó la influencia que Ana Belén tuvo en la formación artística de generaciones de bailarines durante su colaboración con la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán.
“Nos enseñaste a ampliar la narrativa del cuerpo y llevar la escritura corporal al espacio escénico”, expresó.
Ruiz recordó las conversaciones compartidas, los proyectos imaginados y la manera en que Ana Belén impulsó espacios de creación donde literatura y danza encontraban un punto de encuentro.
“La conservo en la memoria por todo lo que vivimos y también por aquello que el tiempo no nos permitió compartir”, dijo.
Las palabras dieron paso a la parte artística de la velada, concebida como una extensión natural de la obra y sensibilidad de la homenajeada.
La voz de Ileana Osuna devolvió vida a los poemas de Ana Belén López mediante lecturas cargadas de sensibilidad y emoción. Cada verso encontró resonancia en el escenario gracias a la participación de la Compañía de Ballet Clásico y de los bailarines de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán, quienes transformaron la palabra en movimiento.
Las interpretaciones de Johnny Millán, Naima Toledo y Vanya Saavedra aportaron una profunda dimensión poética al homenaje al danzar al ritmo de poemas musicalizados. Sus ejecuciones lograron materializar las imágenes contenidas en los textos de Ana Belén, estableciendo un diálogo artístico entre literatura, música y danza que cautivó al público.

La delicadeza de los movimientos, la expresividad corporal y la fuerza emocional de cada intervención parecían confirmar aquella idea que la propia escritora compartía con frecuencia: que la danza puede convertirse en un poema vivo, capaz de respirar, sentir y comunicar aquello que las palabras por sí solas no alcanzan a expresar.
Uno de los momentos más emotivos ocurrió cuando la maestra Mary Murillo, acompañada al piano por el maestro Sergio Castellanos, interpretó la pieza “Aleluya”, logrando una atmósfera de profunda contemplación que envolvió al público en un silencio respetuoso y conmovido.
La interpretación pareció transformar la sala en un espacio de encuentro entre la memoria y el arte, evocando la sensibilidad que caracterizó la vida y la obra de Ana Belén.
El homenaje alcanzó su punto culminante con la participación del Coro Ángela Peralta, bajo la dirección de Mary Murillo, que ofreció una estremecedora interpretación de “Va pensiero” de la ópera Nabucco.
Las voces corales llenaron Casa Haas con una intensidad emocional pocas veces vista, provocando que la música se convirtiera en una despedida simbólica y al mismo tiempo en una afirmación de permanencia.
Cada nota pareció dialogar con los recuerdos compartidos durante la noche, convirtiendo el cierre en uno de esos momentos donde el arte trasciende la ejecución técnica para convertirse en experiencia colectiva.
Al finalizar, los prolongados aplausos confirmaron que el homenaje había cumplido su propósito: celebrar una vida dedicada a la palabra, a la enseñanza, a la amistad y a la creación.
Más que una ceremonia de recuerdo, “Entre Palabras: En memoria de Ana Belén” fue una celebración de la permanencia. Una noche en la que la poesía volvió a habitar la voz de quienes la amaron y donde quedó claro que Ana Belén López continúa presente en sus libros, en sus enseñanzas, en la danza, en la música y en el corazón de una comunidad cultural que la reconoce como una de sus figuras más queridas e inspiradoras.








