Los doctores Mauricio Hoyos y Edgar Becerril comparten sus hallazgos y vivencias en alta mar, buscando transformar el temor colectivo en respeto absoluto por los grandes guardianes del equilibrio marino.

Mazatlán, Sinaloa, 16 de julio del 2026. — Hay un viejo axioma en la investigación científica que define el rumbo de la conservación moderna: “Lo que no se conoce, no se puede proteger”. Con esta premisa como brújula, los doctores Mauricio Hoyos y Edgar Becerril, dos de los divulgadores y científicos más destacados en el estudio de elasmobranquios (tiburones y rayas) en América Latina, se presentaron en conferencia de prensa en el marco de las actividades de la Semana del Tiburón 2026. Su misión va más allá de la academia; busca tender un puente de entendimiento entre la sociedad civil y los majestuosos e incomprendidos guardianes del equilibrio marino.

Para ambos investigadores, cofundadores de la organización civil Pelagios Kakunjá, el océano no es un espacio de peligro, sino un sistema interconectado cuya salud depende críticamente de la presencia de estos superdepredadores. A través de metodologías avanzadas de monitoreo y marcaje satelital y acústico, los científicos han logrado descifrar patrones migratorios, zonas de crianza y comportamientos clave que hoy sirven de sustento para el diseño de políticas públicas de protección ambiental en México.

La investigación en alta mar exige una entrega absoluta, y en ocasiones, somete a los científicos a los escenarios más extremos del instinto animal. Durante el encuentro con los medios, el Dr. Mauricio Hoyos compartió una de las vivencias más determinantes de su carrera: el día en que la teoría de la conservación se puso a prueba frente a la fuerza de la naturaleza.

Durante una inmersión profunda, una gran hembra de tiburón, manifestando una conducta marcadamente territorial, se aproximó de forma agresiva. El encuentro físico fue ineludible: el animal mordió la cabeza y parte del rostro del investigador, rompiendo su traje de neopreno y las mangueras de suministro de oxígeno.

“No fue un ataque en el sentido estricto del término”, puntualizó el Dr. Hoyos. “Fue una advertencia contundente ante una invasión de su espacio vital”.

La supervivencia del científico no fue obra del azar, sino del temple y el respeto absoluto a los protocolos de seguridad. Tras ser rescatado del agua, el equipo médico a bordo estabilizó sus signos vitales en una situación de extrema complejidad: se encontraban en una zona remota que requirió un traslado marítimo de 36 horas continuas hasta tocar tierra firme para que recibiera atención quirúrgica especializada. Esta experiencia, lejos de alejarlo del océano, reafirmó su compromiso por comprender el lenguaje de una especie que simplemente defiende su hogar.

Por su parte, el Dr. Edgar Becerril relató su propio encuentro cercano con la adrenalina del mar abierto. Durante una maniobra de atracción diseñada para el registro visual de las especies, Becerril sostenía la carnada en una zona con alta actividad de escualos. En cuestión de segundos, los ejemplares entraron en un estado de frenesí alimentario, un escenario donde la visibilidad disminuye y el agua parece cobrar vida propia.

Aunque la situación pudo tornarse crítica, la estricta adherencia a las contingencias del equipo de Pelagios Kakunjá permitió que el suceso concluyera sin incidentes graves, quedando registrado como una profunda lección sobre el respeto que se le debe otorgar al entorno marino cuando la vida pende de un diente.

Curiosamente, el camino que llevó al Dr. Mauricio Hoyos a convertirse en el primer latinoamericano en liderar investigaciones con el tiburón blanco (Carcharodon carcharias) en México comenzó frente a una pantalla de cine. Inspirado durante su infancia por los mitos y la imponencia proyectada en la cinematografía clásica de suspenso marino, Hoyos transformó el temor colectivo en una obsesión científica.

Hoy, tras 19 años de trayectoria profesional en las aguas del Pacífico mexicano —particularmente en santuarios naturales como la Isla de Guadalupe y el Archipiélago de Revillagigedo—, el investigador confiesa que su mayor satisfacción ya no reside únicamente en los grandes hallazgos con ejemplares adultos, sino en el asombro de las nuevas generaciones. Para Hoyos, ver los ojos de un niño iluminarse al comprender la fragilidad y belleza de un pequeño tiburón juvenil es el verdadero motor del cambio social.

La divulgación científica a través de recursos audiovisuales de vanguardia y metodologías de estudio no invasivas es, en palabras de los ponentes, la herramienta más poderosa para desmitificar la figura de “monstruos devoradores de hombres” que históricamente ha perseguido a estos animales.

La labor de conservación y el intercambio de conocimientos tendrán su punto culminante este viernes 17 de julio de 2026. El Gran Acuario Mazatlán abrirá sus puertas para albergar las mesas de diálogo tituladas “Presente, pasado y futuro de la investigación con tiburones en México”, las cuales contarán con la participación estelar del Dr. Mauricio Hoyos y el Dr. Edgar Becerril.

Este espacio interactivo ofrecerá a los asistentes un recorrido detallado por la historia de la biología marina en el país, compartiendo datos científicos duros, anécdotas de supervivencia en alta mar y las proyecciones tecnológicas para el monitoreo de fauna marina en las próximas décadas.

El Gran Acuario Mazatlán reitera la invitación al público general y a la comunidad académica a sumergirse en la historia de estos fascinantes depredadores que han surcado los mares del planeta desde hace más de 400 millones de años, consolidándose como piezas insustituibles en la maquinaria de la vida marina. 

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