Con trece personajes en escena, la producción de gran formato explora el impacto emocional del abandono y la reconstrucción de la identidad familiar.
Mazatlán, Sinaloa, 09 de junio de 2026.-La ausencia paterna, una de las realidades más complejas y silenciosas en miles de hogares latinoamericanos, es el eje temático de “Papá Conejo”, la nueva apuesta dramatúrgica y escénica de Manolo Díaz, con producción de Ramón Gómez Polo que llegará al escenario del Teatro Ángela Peralta el 27 de junio a las 19:00 horas, en una propuesta que el propio autor considera la más ambiciosa de su carrera en términos de concepción escénica.
Durante una entrevista previa al estreno, el dramaturgo y director explicó que la obra nació de una inquietud personal y artística que lo acompañó durante el último año: reflexionar sobre las consecuencias humanas y emocionales de las paternidades ausentes.
“Papá Conejo es una de tres obras que escribí sobre este tema. Las otras son Le escribo cartas a un hombre muerto y Tijuana. Curiosamente las tres estrenan este mismo mes, pero Papá Conejo es la de gran formato, quizá el proyecto más ambicioso que he tenido en cuanto a escenografía y propuesta escenotécnica, incluso en toda mi carrera”, comentó.
Un espejo de las familias contemporáneas
La obra se adentra en la historia de un hombre que, aunque presente biológicamente en varias familias, resulta incapaz de asumir plenamente su responsabilidad afectiva y emocional.
A través de trece personajes —interpretados por los alumnos participantes en la producción— el montaje revela las distintas formas en que la ausencia de un padre puede marcar la vida de los hijos.
“Estamos hablando de un padre que es diferente en cada una de las familias donde estuvo involucrado. No es responsable de ninguno de sus hijos y observamos cómo ellos construyen su identidad a partir de los huecos, los destellos y los vacíos que dejó ese personaje en sus vidas”, explicó Díaz.
Lejos de plantear respuestas simples, la obra busca abrir preguntas sobre las relaciones familiares, las heridas heredadas y la manera en que las personas aprenden a reconstruirse frente al abandono.
Una reflexión nacida de la experiencia personal
Manolo Díaz reconoce que su reciente experiencia como padre influyó profundamente en el origen del proyecto.
“Quizá todo nace porque me convertí en padre hace dos años y quiero ser un padre muy presente para mi hija. Disfruto enormemente los momentos en familia y me costaba imaginar que alguien no quisiera compartir esos momentos con las personas que ama y que le aman”, señaló.
Esa reflexión personal lo condujo a investigar el fenómeno de la ausencia paterna en México y América Latina, apoyándose en lecturas y autoras como Almudena Murillo, cuyas obras despertaron nuevas preguntas sobre la responsabilidad afectiva.
“México es uno de los países con mayores índices de ausencia de la figura paterna. Es un problema que atraviesa toda Latinoamérica y me llevó a preguntarme qué clase de persona abandona a quienes dependen de ella, no solamente económicamente, sino también emocionalmente”, añadió.
Trece historias, un mismo desafío escénico
Aunque la producción no cuenta con apoyo de becas o estímulos específicos, el montaje representa uno de los retos más complejos que el director ha enfrentado.
El texto fue concebido para involucrar a los trece integrantes del elenco, quienes dan vida a trece personajes distintos, cada uno marcado por experiencias particulares derivadas de la ausencia paterna.
“Ha sido un enorme desafío construir trece personajes y mostrar las consecuencias que puede tener esta ausencia en cada uno de ellos. Desde el punto de vista personal y artístico ha sido un reto muy importante”, expresó.
Actualmente el proyecto se encuentra en la etapa de montaje, donde cada ensayo suma nuevas propuestas actorales y elementos escénicos que enriquecen la dramaturgia original.
El teatro como construcción colectiva
Uno de los aspectos que más entusiasman a Manolo Díaz es la capacidad de los jóvenes actores para aportar ideas y enriquecer la propuesta inicial.
El director compara el proceso creativo con la construcción de un cuerpo vivo: la dramaturgia es el esqueleto, mientras que el trabajo actoral aporta músculos, tendones y movimiento.
“Me gusta descubrir qué trae cada actor. El trabajo del director consiste en organizar el material humano y el material escenotécnico. Ellos son lo más importante; son quienes proponen, construyen el personaje y terminan haciendo mucho más compleja una idea que originalmente sólo existía sobre el papel”, afirmó.
Según explicó, los integrantes del elenco han respondido con gran compromiso y creatividad, encontrando conexiones personales con los temas que aborda la obra y aportando miradas propias a cada personaje.
Una invitación a reconocernos en el escenario
Más allá de su dimensión artística, Papá Conejo aspira a generar una experiencia emocional y reflexiva para el público.
Manolo Díaz considera que las historias familiares poseen una capacidad única para conectar con las personas porque, de una u otra forma, todos encuentran en ellas algo de sí mismos.
“Quiero invitar al público a que venga. Estoy seguro de que la obra los hará reflexionar sobre su propia familia. En estas historias encontramos al vecino, al primo, al tío o incluso a nosotros mismos. Son relatos profundamente cercanos y entrañables”, concluyó.
Con una propuesta de gran formato, un elenco de trece jóvenes intérpretes y una temática que toca fibras universales, Papá Conejo se perfila como uno de los estrenos teatrales más significativos de la Temporada Primavera 2026 del Instituto Municipal de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán.
“Papá Conejo”, se presenta en el Teatro Ángela Peralta el 27 de junio a las 7:00 de la noche.
Boletos: $350 Orquesta, $300 Primer Balcón, $250 Segundo Balcón y $200 Tercer Balcón. Disponibles en la taquilla del teatro.




