Hoy me permito abordar el tema de la mujer mazatleca. No hablaré específicamente de la escultura que, a modo de monumento, conocido como “la mazatleca”, le regalara en 1983 don Gabriel Ruiz al pueblo mazatleco, para agradecer la presunta inspiración que de las musas porteñas obtuvo para componer sus melodías. Intento recuperar aquí algunas de las situaciones en las que se puede destacar la participación femenina en la historia de Mazatlán
Por: Enriqu Vega Ayala
Cronista oficial de Mazatlán
En los primeros atisbos de este rápido recuento, al empezar a ubicar las figuras femeninas porteñas, contra el predominio varonil comúnmente admitido en el mundo de los negocios decimonónicos, llama la atención que, en la cúspide de la pirámide social, algunas mujeres mazatlecas han jugado papeles predominantes, aunque poco difundidos
Desde el año de 1910, se instauró el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer, a propuesta de Clara Zetkin, maestra alemana y representante del Sindicato de Obreras de la Confección ante el II Congreso Internacional de Mujeres Socialistas. La idea original era honrar la memoria de un grupo de mujeres que tomaron, en 1857, la fábrica textil donde trabajaban en Nueva York, para exigir igualdad de salarios y una jornada de 10 horas de trabajo. Como respuesta a su reclamo obtuvieron que los dueños de la planta provocaran un incendio para obligarlas a salir, muriendo 129 obreras en el incidente.
Con el transcurso de los años, la conmemoración devino en fecha simbólica de las luchas de las mujeres por crear un mundo más justo, donde se respeten sus derechos y se reconozca la igualdad de géneros en todos los planos de la vida. Prácticamente la celebración se ha universalizado, aunque el motivo anecdótico original de la misma prácticamente haya pasado a segundo plano.
De este modo, el calendario cívico nacional incluye ya la fecha del 8 de marzo como oficial y, no falta quien quiera extender su solemnización, denominando a marzo “mes de la mujer”.
“La mazatleca” y las mazatlecas
De ahí que hoy me permita abordar el tema de la mujer mazatleca. No hablaré específicamente de la escultura que, a modo de monumento, conocido como “la mazatleca”, le regalara en 1983 don Gabriel Ruiz al pueblo mazatleco, para agradecer la presunta inspiración que de las musas porteñas obtuvo para componer sus melodías. Intento recuperar aquí algunas de las situaciones en las que se puede destacar la participación femenina en la historia de Mazatlán.
Rastrear la intervención de las mujeres en la Historia es de por sí difícil, cuando se trata de hacerlo en la vida de una localidad pequeña los obstáculos se incrementan. Debido a la visión de las cosas imperante por siglos, el papel de las mujeres ha estado concentrado en la vida privada, en su casa, con su familia; aun y cuando interviniesen mujeres en hechos de trascendencia, no es usual encontrarlas como protagonistas en la vida pública.
En el caso mazatleco, por ejemplo, entre las leyendas sobre el surgimiento de la ciudad, por años se reputó como fundador a Don José María Canizalez y hasta una céntrica calle lleva todavía su nombre. Sin embargo, tal personaje, según la propia leyenda, no llegó solo a establecer la primera vivienda familiar permanente en los terrenos del entonces deshabitado puerto; junto con él estuvo su esposa, doña Petra Zamudio, quien debió parir a los primeros patasaladas, y, nunca, ni en el mismo documento donde se asienta esta versión, se le reconoció calidad alguna en la fundación o en el poblamiento del puerto.
Más allá de la discusión sobre si los Canizalez Zamudio fundaron el puerto o no; o si a doña Petra habría que darle un lugar en la historia a la par de su marido; respecto al origen del puerto, habría que rescatar del olvido el papel que jugaron las primeras mujeres que se atrevieron a vivir en estos, entonces, inhóspitos terrenos. No me refiero, con esto, sólo a quienes fungieron como esposas formales de los primeros contrabandistas o comerciantes que formaron el caserío del que surgió Mazatlán. Hablo de un conjunto muy numeroso de mujeres que ayudaron a poblar este sitio y que quedaron registradas en 1837, en las primeras cuentas censales, bajo el oficio de “lavanderas”. Aunque, claro, socialmente será más difícil hacerlo con ellas, que con Doña Petra y las demás esposas de los primeros habitantes, por razones de segregación. A las mismas mujeres les cuesta trabajo aceptar algún mérito en las del propio género que ejercen el llamado “oficio más antiguo del mundo”. De ahí que las “lavanderas” y sus colegas del Laberinto, de la Mansión de las Caricias, las del Campo Siete, las carmelonas, las costureras, la Chayo y sus aeromozas, etc., aunque formen parte del anecdotario mazatleco por los siglos, estén condenadas al ostracismo a causa de la selectividad social de la memoria colectiva.
En la alcurnia y en la plebe
En los primeros atisbos de este rápido recuento, al empezar a ubicar las figuras femeninas porteñas, contra el predominio varonil comúnmente admitido en el mundo de los negocios decimonónicos, llama la atención que, en la cúspide de la pirámide social, algunas mujeres mazatlecas han jugado papeles predominantes, aunque poco difundidos. Por supuesto, las ha habido las que dejaron huella en su tiempo al imponer modas y modales, como Plácida Echeguren, conocida bajo el título de marquesa de Pánuco, que marcó a la sociedad porteña allá en el siglo XIX con sus resonantes fiestas y sus gustos refinados; pero, también las ha habido, como Tomasa Osuna, Concha Echeguren, las hermanas Paredes y otras que, desde sus casas, manejaron las fortunas familiares, sobre todo consistentes en terrenos y construcciones, y que influyeron en la configuración de la imagen urbanística tan celebrada del viejo Mazatlán.
Si aquellas lo hicieron en el siglo antepasado, las hay en el siglo XX y en estos primeros años del XXI, como Conchita Lizárraga y Laura Lamadrid, cuyos manejos inmobiliarios son determinantes para la expansión de la ciudad o para la realización de obras públicas o privadas de significación urbana.
No tenemos noticias de alguna fémina destacada en el ámbito fabril en el siglo XIX, aquí en el puerto, de entre las muchas que trabajaban jornadas extenuantes en las industrias locales y que ayudaron al crecimiento económico de la región. Sólo desde el último cuarto del siglo XX, junto a las mazatlecas poderosas mencionadas, destaca la incursión de Esperanza Kazuga en la industria pesquera.
Igual, en el siglo pasado hay que tomar nota de mujeres surgidas de las clases populares, como Carlota Llamas, Hildegarda Vázquez, Maria Elena Gómez “la güera guerrillera”, entre otras, quienes han encabezado movilizaciones sociales importantes por terrenos para vivienda y, claro, también han contribuido al diseño urbano mazatleco contemporáneo.
Resignadas y rebeldes
Hemos tenido, pues, en nuestra historia matria, mujeres que se han salido del rol socialmente asignado por tradición; pero, no podemos olvidar a las que localmente se han erigido como símbolos de abnegación y dedicación en las tareas llamadas “propiamente femeninas”. Así, por ejemplo, a Romanita de la Peña la conocemos de busto y, por años, la celebramos el diez de mayo, en representación de las madres mazatlecas, por su contribución en labores altruistas, fundamentalmente por la creación del Orfanatorio.
Tampoco, se debe omitir al numeroso conjunto de maestras, de profesoras de todos los niveles educativos, que han guiado generaciones. Entre ellas seguramente las ha habido de notable valor; sin embargo, sólo algunas han merecido que sus nombres se anoten en el monumento al maestro. El ayuntamiento eligió a Agustina Monterde como personaje emblemático de ese nutrido grupo de educadoras y la medalla instituida bajo su nombre se entrega anualmente a mujeres con labores relevantes en distintas actividades de la vida porteña.
Por supuesto, el campo de las artes ha sido propicio, en casi todos los tiempos de la historia mazatleca, para la presencia destacada de mujeres, sólo que durante el siglo XIX no encontramos protagonistas. Apenas, a partir del segundo tercio del siglo XX empiezan a aparecer las primeras a quienes se les reconocen méritos en la literatura, la pintura, la música, la actuación, la danza etc. Ahí están, como pioneras en estos rubros, Margarita Ramírez, Rosario Uriarte, Elena Vázquez de Somellera, Amelia Wilhelmy, Lupita Castro, Nelly Morales, etc.
Hoy, ya no se puede celebrar, con el dicho del editor de la Revista de la Casa Drakato en 1932, que resulta positiva la presencia de la mujer como Agripina en el Senado Romano, “detrás de la cortina, pero presente”. Algo así pasaba en el ámbito de la política local, por eso tenemos déficit de participación femenina en el pasado. Evidentemente no había ausencia absoluta, pero las reglas “patriarcales o “heteronormativas” (como se califican ahora) las dejaban en segundo plano. Seguro, en su momento, las hubo “sufragistas”, aunque todavía no se puede documentar fehacientemente; sin embargo, cuando en 1940 consiguieron el derecho al voto en las elecciones locales, empezaron por formar “clubes femeniles” para promover la asistencia de las mujeres a votar por los candidatos de su preferencia.
En consecuencia, en el ejercicio de cargos, para empezar el recuento, no habíamos tenido Presidentas Municipales Constitucionales hasta la elección de Estrella Palacios para el periodo 2024-2027. Solo se había presentado el caso de la profesora Dolores Altamirano, quien fue Presidenta Municipal Interina por un par de días, en junio de 2002, por designación del cabildo a la renuncia de Jorge Rodríguez Pasos. Con la observación de que, en sentido estricto, la profesora no recibió el reconocimiento como tal por el Congreso del Estado.
La primera regidora, la profesora María Luisa Astorga, fue electa apenas en 1948 (a ciento once años de distancia de la formación del primer ayuntamiento y diez años después de la reforma cardenista que otorgó voto activo y pasivo a las mujeres en elecciones municipales). La primera diputada federal, Elisa Meza, y fue electa como suplente, pero accedió al cargo por la licencia, primero, y la muerte, después, del titular, Arnoldo “el chinoldo” Millán. (Aunque otras mazatlecas han destacado por méritos propios en el Congreso de la Unión, no llegaron con la representación porteña, como Aurora Arrayales quien fue la primera diputada federal en la historia nacional; Hilda Anderson, como dirigente de la CTM ha sido varias veces legisladora; y Martha Tamayo, senadora por Sinaloa todavía en funciones).
En otros ámbitos, Margarita Montes “La Maya”, fue una mazatleca célebre por desafiar los convencionalismos de su tiempo. Ella se distinguió en actividades que se creían reservadas para hombres: fue beisbolista, torera, mecánica de bicicletas, comerciante de puercos, entre otras actividades a lo largo de su vida; pero especialmente reconocida como boxeadora. Lo que le valió figurar como caso insólito en el mundo para la serie de televisión “Ripley ¡Aunque usted no lo crea!” y que se difundiera su semblanza y sus hazañas en la sección deportiva de la revista francesa “Liberation” en marzo de 1988 No se puede dejar de lado, la notable participación de las mujeres en los carnavales como reinas, desde que Winnie Farmer aceptó encabezar el de 1900 como acompañante de Teodorico I, abriendo paso a la preminencia femenina en la fiesta. Ni puede omitirse la derivación de esos reinados a los concursos de belleza, en los que varias de ellas se han distinguido como ganadoras nacionales, de los años setenta para acá. Porque con ello se construyó y difundió, para el consumo social, la imagen de las mazatlecas a partir de sus dotes de belleza y sensualidad; incluso dio lugar a una reproducción simbólica en la escultura monumental instalada en el malecón desde 1982, justificada como agradecimiento por la inspiración musical que presuntamente le ofrecieron al compositor Gabriel Ruiz. Sin embargo, a la vuelta del siglo, ese modelo está siendo superado por la actuación cada vez más significativa de muchas mujeres, quienes, por méritos propios, por capacidad y sagacidad ocupan lugares importantes en todos los escenarios de la vida comunitaria y seguramente obtendrán más a la vuelta de unos años.










