Por: Giovani Arrieta
A finales de 1991 cuando aún era estudiante de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Sinaloa, fui invitado por la Comisión de Desarrollo Turístico de Mazatlán (CODETUR) a formar parte -como fotógrafo- del equipo de Prensa del 5to. Festival Cultural Sinaloa.
El festival organizado por el Gobierno de Sinaloa, se inauguró en Mazatlán con la Ópera Lucia di Lammemor de Donizetti, fue mi debut como fotógrafo cultural, llegué armado con un “arsenal”: mi cámara réflex Canon FTb, lente de 50 mm, suficientes rollos 400 ASA/ISO, el compromiso de hacer bien las cosas y muchas ganas de que el corazón superara a la técnica.
Sin embargo un par de días después se presentó un espectáculo que sin saberlo se convertiría en uno de los mas fascinantes momentos de mi vida, la Cantata Escénica Carmina Burana, una colección de poemas medievales en latín y alemán del siglo XIII y que fueron retomados por Carl Orff en 1937.
Con su célebre sección “Oh Fortuna”, la cual describe el destino, el poder de la fortuna, el amor, el placer y la naturaleza, en medio de un espectáculo multidisciplinario de 90 minutos, en donde la danza, un impresionante coro y una orquesta sinfónica nos hace vibrar en uno de los espectáculos más completos de las bellas artes.
Recuerdo que todo el trabajo de fotografía era en blanco y negro, revelado e impreso por nosotros mismos al finalizar cada evento. Mirar aparecer cada imagen en el papel fotográfico es otra de las magias vividas; conocer personas que sin saberlo se convirtieron en piezas claves de mi desarrollo personal y profesional fue el mejor legado que me dejó esta aventura cultural.
Hoy 34 años después volví a revivir aquellos momentos de admiración y asombro, acudí a una de las funciones de este espectáculo que inauguraron el Festival Cultural Sinaloa 2025 en la ciudad de Culiacán, nada me detuvo; siempre estuve convencido que viajar más de 200 kilómetros valía la pena y así fue.
Carmina Burana regresó a Sinaloa, mi cabello semipoblado de canas, testigo de la espera que había llegado a su fin; la Cantata Escénica fue presentada en el Teatro Pablo de Villavicencio los días 4 y 5 de octubre, en esta ocasión, la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes dirigida por Alexandre Da Costa, también participaron la Compañía de Danza Joven de Sinaloa, Escuela Superior de Artes José Limón, además de Jessica Torrero, soprano; Carlos López barítono; Alejandro Pacheco, Tenor; Coro Universitario de la UAS y el Coro Infantil del ISIC, la mayoría talento sinaloense.
En ambas funciones el recinto lució un “lleno hasta las lámparas”, asistí a la segunda y mientras me deleitaba visual y auditivamente puede ahora si captar las mejores escenas a todo color, el blanco y negro había quedado atrás en mi memoria, agradecido por todo lo que me había hecho aprender.
Hoy desde este espacio quiero agradecer a muchas de las personas que han formado parte de mi vida y desarrollo cultural:
El trabajo, la sabiduría y la paciencia de Don Pepe Ávila (+), la humildad del Ingeniero Ricardo Urquijo Beltrán (+), una de las personas que más ha aportado para el renacer de la vida cultural del puerto de Mazatlán; a la reportera Jakie Peterson (+), la norteamericana más mazatleca que conocí.
Gracias infinitas al maestro José María Adama Díaz porque en 1991 fue el primero en apostarle a mis cualidades como fotógrafo; gracias maestros José Luis Franco (+), Anabel Guzmán, Juan José Rodríguez, Enrique Vega por darme la oportunidad de formar parte de su equipo en el que se incluían jornadas extensas de revelado e impresión en blanco y negro; mi gratitud eterna para Don Raúl Rico González por soñar y ayudar a formar los cimientos de la vida cultural del puerto siendo gestor de innumerables eventos de primer nivel.
A Don Francisco Hinojos por observar siempre mi trabajo y formar parte del complot para que pudiera llegar a obtener un puesto clave en mi carrera en 2002: Jefe de Prensa de la Dirección de Difusión Cultural Municipal y teatro Ángela Peralta.
Y a mis maestros de la Universidad Autónoma de Sinaloa: José Luis Beraud, Eliseo Ruiz, Ruy Alfonso Franco (+), Guillermina Vázquez Dueñas, Miriam Rodríguez, Vladimir Soto entre muchos otros que siempre me exigieron el 120% y me enseñaron a amar mi carrera.
Y hay más nombres, muchos nombres de personas, todos los hombres y mujeres que hacen la fiesta cultural: los técnicos, los maquillistas, los diseñadores de escenografías, de vestuario, los artistas, iluminadores, etc.
Por último a la escritora, coreógrafa y promotora cultural Georgina Martínez Montaño, a Wesly Miroslava Marroquín, coreógrafa y bailarina y a mi esposa Anais Schuette que apoya y comprende lo que hago.
Muchas gracias a todas y todos.




