Basada en El Quijote de Cervantes, La verdadera historia de Sancho Panza de Franz Kafka, y en las narraciones que hicieran Chicho Vargas y otros presos políticos de la dictadura argentina de los años 70, en las inmediaciones de la cárcel de Rawson

Dos presos políticos, presionados por las circunstancias emocionales y físicas, se juntan por una hora todos los domingos al atardecer para contarse la historia de Don Quijote y Sancho Panza; deben permanecer sentados con las manos sobre la mesa. Desobedecer las reglas, levantarse de la silla podría significar la muerte.
Todo esto lo hacen desde las limitaciones más extremas que supone el estar preso en una cárcel de alta seguridad, pero también con la necesidad vital de contarse una historia que los salve, que los transporte a una aventura humana situada en la imaginación.
La obra, más allá del encierro en una cárcel, ha sido contextualizada a estar encarcelado en un país, como los migrantes en Estados Unidos, de ahí las proyecciones de la frontera americana durante la obra.
Así, reinventan continuamente a Don Quijote, ese caballero que confunde molinos con gigantes, mujeres grises con doncellas, cárceles con paraísos y que se exilia en la sinrazón, en ese extraño desorden que no hace mal a nadie pero que ayuda profundamente a vivir.
Juegan reinventando la realidad de su encierro representando escenas de Don Quijote y Sancho Panza.







