Es un balcón desde el que se pueden observar “hermosas perspectivas” dice la nota en la que, El Correo de la Tarde del 5 de agosto de 1943, se describen los pormenores de la construcción de “la glorieta de la Victoria”. Eran tiempos en que se anticipaba la derrota alemana en la segunda guerra mundial (el Carnaval de ese año fue el primero en tener un lema celebratorio y se llamó igual “De la Victoria)
Por: Enrique Vega Ayala
Cronista Oficial de Mazatlán
Mazatlán, Zona Trópico, Sinaloa, México, a; 29 de julio de 2025.- Se tardaron en construirla casi un año. Antes de terminarla ya había cambiado de denominación. Por iniciativa del Gobernador del Estado, Coronel Rodolfo T. Loaiza, se llama desde entonces “Pérgola Ángela Peralta”. El nombre viene del arraigo histórico en el puerto de la muerte de la máxima soprano de la historia de México y una de las más importantes a nivel mundial; pero, adicionalmente, se deriva de la afición al canto del coronel Loaiza quien, en sus años mozos, fue parte del Orfeón Ángela Peralta que dirigía el maestro Francisco Martínez Cabrera.
Sobre el predio donde se asienta la pérgola, se sabe que el primer uso en el siglo XIX fue para la instalación de un depósito militar de pólvora y otros explosivos. Al parecer estaba ligado a La Batería, “una pequeña fortificación construida desde el año de 1855 por el general D. Miguel Blanco, que sirve a la autoridad militar para colocar en ella artillería en caso de saludo del Vigía”, según refiere Santiago Calderón en sus Apuntes de 1874. El crecimiento urbano alrededor de la Aduana, en las estribaciones del Cerro del Vigía y en el de La Cruz, motivaron el desalojo del polvorín. En la zona solo quedó La Batería. El terreno del depósito de explosivos en el Cerro del Vigía quedó baldío.
En 1893, ese sitio fue seleccionado para instalar uno de los cañones que se desmontaron del Barco El Demócrata, de la Secretaría de Guerra y Marina, como símbolos de las defensas patrióticas del puerto. Dos más, de los obuses de la embarcación desmantelada, también se colocaron a modo de insignias defensivas: uno en el entonces recién inaugurado Fuerte 31 de marzo y, el otro, en la fortificación conocida como La Batería, ya mencionada.
En la tercera década del siglo XX, ya como sitio de paseo, el predio quedó dentro del Bosque de la Ciudad, iniciativa y obra del Ing. Jesús González Ortega. El bosque llevó su nombre a la muerte del insigne precursor del ecologismo en nuestra ciudad hasta que la incuria casi arrasó los pinos marítimos que lo caracterizaban y, en los años cincuenta del siglo pasado, el Ayuntamiento “privatizó” esos terrenos alrededor del Observatorio, al fraccionarlos mediante subasta pública.
Como queda dicho, en 1943 bajo la administración municipal encabezada por Jesús I. Escovar, se proyectaron varias obras de ornato para el área del Vigía. Una de ellas, la del alumbrado eléctrico de la calle desde la Aduana hasta las estribaciones del cerro frente al faro y la iluminación del Paseo del Centenario. Se iniciaron también dos glorietas la referida centralmente en esta nota y otra, cuya obra se adjudicó al Ing. Edmundo González (la que hoy se conoce como la “del Corazón”).
La remodelación del la Pérgola del cañón le incorporó “arcadas dóricas y una plataforma lateral, sofás, balaustradas y piso de mosaico y granito”. Además, se construyó la “monumental escalinata” que permitía acceder al mirador desde “los arrecifes del Paseo del Centenario, frente al Faro”. En la segunda mitad del siglo anterior se le hicieron diversas intervenciones, con pretensiones de mantenimiento, unas (para reparar el hemiciclo y las escalinatas, por ejemplo); pero, las más significativas se ocasionaron con la concesión de parte del predio para fines comerciales, que dio lugar a la instalación de un restaurante y su posterior ampliación, ya en los años recientes.








