La Revolución en Mazatlán
La “bomba perdida” cayó en la esquina de calles de Guelatao (Ángel Flores) y 5 de Mayo, cerca de la mercería de don Enrique Claisse, según Zúñiga. De acuerdo con el informe referido arriba, el impacto fue sobre “la calle Carnaval, enseguida de la casa de don Manuel Salas”
Por: Enrique Vega Ayala
Cronista Oficial de Mazatlán
Mazatlán, Zona Trópico, SInaloa, México, a; 6 de mayo de 2025.- En plena revolución, en mayo de 1914, Mazatlán fue bombardeada desde un avión, el biplano “Sonora” o el “Pájaro Azul” de las fuerzas constitucionalistas que tenían sitiada la ciudad.
Tras el levantamiento en armas contra el usurpador Victoriano Huerta, Gustavo Salinas, sobrino político del líder de ese movimiento, quien era piloto aviador egresado de la Escuela de Moissant, en Nueva York, EE.UU y se había incorporado en 1912, al ejército maderista, le sugirió a su tío Venustiano Carranza, la utilidad de adquirir aviones en aquel país, para utilizarlos como arma contra el ejército federal. De acuerdo con las memorias de Isidro Favela, respecto a la primera flotilla aérea constitucionalista, Carranza consiguió que el gobierno de Sonora, leal a su causa comprara un avión Curtis que había sido piloteado por un piloto de origen francés llamado Didier Mason, y que había efectuado vuelos de exploración y arrojado varias granadas en acciones militares. Fabela escribe: “Aquel avión fue el primero con que contó la Revolución aunque sus servicios duraron muy corto tiempo, debido a un accidente que, en Cruz de Piedra, sufrió Mason”. Por instrucciones del mismo Primer Jefe Constitucionalista, el biplano quedó a cargo directo del propio Salinas, como parte del cuerpo de ejército que comandaba Álvaro Obregón en el Occidente del país.
Cuando llegó Salinas a Mazatlán, a finales de abril, con su biplano “Sonora” ya había realizado incursiones militares en Guaymas y Topolobampo. Ambos puertos se disputan entre si la distinción de haber sido el primer sitio de una batalla aeronaval en la historia mundial.
El asedio de nuestro puerto, por las avanzadas de la división de Occidente del ejército carrancista, se había iniciado desde el 2 de octubre del año anterior (1913). El ejército federal huertista tuvo que hacerse fuerte en la plaza a partir de esa fecha. Desplegando alarde de técnica militar, “los pelones” ubicaron sus fuerzas en puntos estratégicos: “La Loma Atravesada, el Puente Juárez, La Loma del Gato (donde hoy esta la iglesia Cristo Rey), La Loma Montuosa y el Fuerte General Reynaldo Díaz (en el cerro de la Nevería) y presumían a Mazatlán como inexpugnable para los revolucionarios.
Desde el Venadillo, el Gral. Juan Carrasco y entonces coronel Ángel Flores dirigían las incursiones revolucionarias sobre la ciudad y sus alrededores. De octubre de 1913 a mayo de 1914 los enfrentamientos federales y revolucionarios eran constantes: en Villa Unión, en El Potrero, en Barrón y en Palos Prietos se libraron algunos combates.
Cuenta don Héctor R. Olea, en su Breve historia de la Revolución en Sinaloa, que al llegar las goteras de Mazatlán con el grueso de sus fuerzas, el Gral. Obregón ordenó cerrar el sitio al puerto y movió el cuartel rebelde de El Venadillo a La Casa Blanca. Para entonces, los puntos de avanzada de los revolucionarios se ubicaban en un sitio llamado “La Casa de la Palomas” (a la altura de donde hoy está el Hotel De Cima) y La Casa Redonda.
Como queda dicho, los constitucionalistas traían entre su equipo de guerra un biplano (Olea menciona dos aeronaves). En sus Once mil kilómetros de campaña, el general Obregón consigna que los tripulantes de aquella máquina eran el entonces capitán Gustavo Salinas, como piloto y Teodoro Madariaga como copiloto. Cerca del cuartel de Obregón en la Casa Blanca, se improvisó la pista de aterrizaje para el avión. La marisma de Palos Prietos sirvió a las maniobras de ascenso y descenso.
Los primeros días que estuvo aquí el aeroplano fue utilizado para arrojar proclamas revolucionarias sobre la población. El artefacto volador causó gran expectación entre los mazatlecos. Las familias salían de sus casas para ver sus evoluciones y tratar de obtener propaganda, “mientras los servicios policíacos se ponían en alerta para evitar que los papeles cayeran en manos de los vecinos”, según narra el Dr. Luis Zúñiga en uno de sus Apuntes para la historia de Mazatlán. Estas actividades duraron varios días.
Finalmente, el 6 de mayo, poco después de las 8 de al mañana, el biplano bautizado oficialmente “Sonora” (en un informe anónimo que se conserva en el Archivo Municipal se le denomina Pájaro Azul), se elevó portando dos bombas para atacar el fuerte Reynaldo Díaz. Según el Dr. Zúñiga, los proyectiles habían sido fabricados en Navolato, exprofeso para este ataque. Eran “rudimentarios…. en su manufactura se empleó dinamita, carbón, recortes de acero y fulminantes, forrando estos materiales con una bien estirada piel de cerdo húmeda, la cual al secarse dio la consistencia necesaria para que la explosión fuera más violenta”, dice el primer cronista oficial del puerto en su narración. Sin embargo, también existe la versión de que desde meses atrás, el capitán Salinas había inventado un dispositivo especial para lanzar bombas “que iba pegado en la parte baja del avión. Era el primero de su tipo en todo el mundo y consistía de una espoleta especial con un cartucho 30- 30 y bombas hechas con tubo de cuatro pulgadas, con 52 cartuchos de dinamita”.

Ese día, tripulaba el avión el capitán Salinas, coinciden las fuentes. Por cierto, el capitán Salinas es reconocido mundialmente como el primer piloto en utilizar un avión para acciones de guerra (según placa alusiva en el museo de aeronáutica de Londres). El Dr. Zúñiga asegura que iba de copiloto el aviador D. Masson, mientras que Olea, por su parte, afirma que el ayudante de Salinas era en esa ocasión, Teodoro Madariaga. El caso es que, de acuerdo con lo presuntamente relatado después por el propio piloto, durante una rápida sacudida sufrida cuando volaba sobre la ciudad, a su copiloto — encargado de accionar el lanzabombas — se le soltó una de ellas.
La “bomba perdida” cayó en la esquina de calles de Guelatao (Ángel Flores) y 5 de Mayo, cerca de la mercería de don Enrique Claisse, según Zúñiga. De acuerdo con el informe referido arriba, el impacto fue sobre “la calle Carnaval, enseguida de la casa de don Manuel Salas”.
Olea dice que el bombardeo accidental no tuvo consecuencias. El Dr. Zúñiga afirma que hubo 4 muertos y numerosos heridos, particularmente entre los trabajadores de la fábrica de calzado de don José María Díaz, ubicada por la calle Carnaval entre las familias Salas, Álvarez, Vidal, Olmedo, Órnelas y Fregoso que se habían congregado para observar el avión. Entre los muertos se encontraba su tío don Alfredo Zúñiga y doña Longina de Rivera. El informe anónimo, perteneciente al acervo del Archivo Municipal, enumera siete víctimas: “1. Hombre que quedó muerto en la esquina Carnaval y Francisco Cañedo, con la sola contracción del aire (sic). 2. Niña del Sr. José Salas, herida de un balín en el estómago. Murió luego. 3. Nana de la niña; herida nada más. 4. Jaime Ornelas resultó herido de un balín en el tobillo, 5. Sra. esposa de Cosme Rivera, muerta con un balín. 6. Srita hija de don Víctor Urquijo, muerta con un balín en el estómago. 7. don Víctor Urquijo, solamente herido con un balín en el pie”. La segunda bomba si dio en el blanco previsto, hirió ahí a una soldadera y dio muerte a un sargento segundo, asienta Olea.
Ante tan penosos acontecimientos, el cuerpo consular acreditado en Mazatlán parlamentó con el estado mayor obregonista a fin de que no repitiera el bombardeo. Obregón en su bitácora, no tomó nota del fatal incidente. Consignó, en cambio, la suspensión de los vuelos sobre las posiciones que ocupaban los federales.
“Debido a que en uno de ellos el motor del biplano sufrió una descompostura, y este descendió sin gobierno hasta estrellarse en el suelo, quedó inutilizado el aparato y, los aviadores a punto de perder la vida en este accidente, con graves contusiones de las que, por algún tiempo, estuvieron en estado delicado”.
El ejército huertista resistió en el puerto todavía tres meses más después de las bombas. Obregón siguió su campaña militar hacia el centro del país, pero su retaguardia mantuvo el sitio sobre Mazatlán. La plaza cayó en poder de los revolucionarios el 6 de agosto.
En la tradición oral porteña se dice que Mazatlán fue la segunda ciudad en el mundo bombardeada desde un avión. Sin embargo, existen dudas respecto de la veracidad de esta versión. Sin embargo, sin duda los mazatlecos podemos reclamar, respecto a tan lamentable suceso, el de haber nacido en la primera ciudad del orbe bombardeada desde un avión… ¡por accidente!.






