
Como otro sinaloense más, llegó hasta uno de los abarrotes de la población, donde algunos ciudadanos que lo reconocieron llegaron a saludarlo, pero otros no creían que el gobernador del estado estaba ahí, sentado en una banca esperando un “cochito” o un “cortadillo”, de esos panes exhibidos en la vitrina del abarrote y que ya tenían días en espera de su venta.
Con esa sencillez de siempre, de un hombre que nació y fue criado entre las carencias de la pobreza, aún recuerda esos viejos abarrotes que desde niño conoció en Batequitas con Don Isidro, o en la Higuerita en la casa de Liberato o tal vez con el Chito Uriarte, con tablones como mesa para despachar con una balanza de pesas y algunas verduras y pan, que le trajeron en la infancia una felicidad que aún lleva tatuada en su mente y corazón, sus orígenes.
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Ahí , en ese espacio del abarrote hizo el compromiso, sin que le dijeran si había presupuesto o solo sería una de las muchas promesas que habían recibido de políticos de antes. Ahí les dijo el gobernador “les voy a construir la carretera de esa que va para El Fuerte, hasta este rancho“.
Hoy los habitantes de El Téroque Viejo ya tienen su carretera pavimentada, nadie la pidió, nadie hizo las gestiones, solo bastó que el gobernador Rocha fuera a la comunidad para ver cuál era su prioridad.


