El 23 de marzo de 1792, por orden real de Carlos IV, Rey de España, a Juan Vicente Güemes Pacheco y Padilla, segundo conde de Revillagigedo, Virrey de la Nueva España, se estableció el primer Gobierno Militar y Político de Mazatlán
Por: Enrique Vega Ayala
Cronista Oficial de Mazatlán

Mazatlán, Zona Trópico, Sinaloa, México, a; 23 de marzo de 2026.- El pueblo de Mazatlán era entonces conocido como Presidio de San Juan Bautista de Mazatlán (hoy Villa Unión). Allí se estableció el primer Gobernador Militar y Político de esta región, el hasta entonces Sargento Mayor de las milicias de Guadalajara, José de Garibay. Con la decisión del monarca, para crear esa autoridad militar y política, se otorgó, por primera vez, autonomía de gobierno a la región que hoy conocemos como el Municipio de Mazatlán.
La demarcación territorial que gobernaron Garibay y sus sucesores era la misma que desde 1576 la corona había otorgado a los fundadores de lo que hoy es Villa Unión, como especie de ‘fundo legal’ del Presidio. Esos terrenos, que durante toda la época colonial les fueron reconocidos como suyos, abarcaban originalmente lo siguiente: “cinco leguas de longitud desde el paraje nombrado cantera al punto de Montiel; otras tantas de latitud desde la boca del río al bajío de Sacanta, con dos ensenadas, la una de 9 leguas hacia el poniente que dista de aquí al paraje, y cuatro dichas al sur y hasta el paraje nombrado Huisachi o Piedras Labradas”, según lo asentado por el propio Garibay en un informe fechado el 24 de septiembre de 1793.
El puerto fue clave en la decisión.
La importancia de la región en cuestión para dotarla de un gobierno propio residía en la localización, dentro de sus límites, del fondeadero de las islas mazatlecas, cuyos cerros y marismas estaban totalmente despoblados entonces; pero, que ya estaba considerado como punto estratégico para el desarrollo económico y político de la región, dentro de los proyectos de modernización de la Nueva España impulsados por la corona española en la segunda mitad del siglo XVIII. Bajo esa calidad valiosa aparecía el puerto, sin nombre y sin habitantes, en sendos informes levantados por los Visitadores José Rafael Rodríguez Gallardo y José de Gálvez. Esos informes fueron cruciales para el diseño del Plan de Intendencias, en el cual se aprobaron las nuevas estructuras de la administración pública colonial conforme a las llamadas Reformas Borbónicas. Entre ellas por supuesto se incluye la formación del gobierno militar y político de Mazatlán, cuya misión primordial era vigilar la legalidad del tráfico marítimo comercial que se podía registrar en ese puerto.
La custodia del puerto la ejercían los milicianos pardos ubicados en el Presidio de San Juan Bautista, como lo asentó el Visitador Rodríguez Gallardo en 1750: “En el pueblo de Mazatlán (que es de pardos) hay [una] compañía, cuyo pie de lista casi consta de 200 hombres. Unos (son) de escopeta y otros de lanza, que al son de la caja se juntan, y no hay otra que tenga más formalidad o mejor disciplina. Gozan de la misma relevación [están exentos de pagar tributo] por el encargo de las continuas vigías y (por) guardar el puerto”.
La idea que los Visitadores coloniales quisieron transmitir a los gobernantes de la época fue la necesidad de habilitar los puertos del occidente del país, entre ellos el nuestro para el comercio exterior. La asimilación y puesta en práctica de ese proyecto no fluyeron con rapidez. Según lo establece Adrián García Cortés en su libro La fundación de Mazatlán, el primer paso para ello lo dio el intendente de Sonora y Sinaloa, brigadier Enrique Grimarest, quien “apenas recibido el cargo, el 1 de abril de 1790 visitó [el Presidio de] San Juan Bautista de Mazatlán” y fue él quien consiguió que se nombrara “al sargento mayor José de Garibay y a José Pose, respectivamente, teniente-comandante y ayudante de milicias para la gobernación de Mazatlán”. Además “Grimarest propuso y obtuvo la organización de cuatro compañías de mulatos para la defensa del puerto”, dice Luis Navarro García en el texto Los intendentes de las Provincias Internas de Nueva España.
Más tarde, Alejo García Conde, quien sustituyó a Grimarest en la Intendencia de Sonora y Sinaloa, en 1803 propuso la habilitación de varios puertos entre ellos el custodiado por los pardos de San Juan Bautista de Mazatlán. Asegura Navarro García que García Conde en su empeño por fomentar el desarrollo comercial, agropecuario y las industrias auxiliares y derivadas tomó medidas sorprendentes una de ellas que en 1808 le “concedió permiso para comerciar su carga a una fragata mercante norteamericana, la Dromo”, en Guaymas y en lo que hoy es el puerto de Mazatlán.
La apertura formal de este embarcadero para que pudieran realizarse transacciones comerciales con barcos de otras naciones se dio hasta 1820. Por lo que resulta ilustrativa la decisión visionaria del Intendente García Conde, de la determinación de los hombres de empresa y de las autoridades de la región para forzar a la apertura comercial, al permitir -doce años antes del decreto de las Cortes de Cádiz declarando puertos de altura a ambos puertos-, que una embarcación norteamericana distribuyera sus mercancías a mercaderes del área desde este fondeadero.





