Desde Aguacaliente de Gárate, caminando con fe hacia la casa de la Virgen del Rosario de Pánuco, Concordia, Zona Trópico, Sinaloa, México
Por Martín Osuna
Son más de 80 años de tradición, cuentan los más longevos del pueblo y cerca de 50 kilómetros recorridos, llevando en cada paso una manda, una petición, un agradecimiento o la esperanza de un milagro ante la Virgen del Rosario de Pánuco, patrona de los mineros.
Pánuco, Zona Trópico, Concordia, Sinaloa, México, a; 3 de octubre e 2026.- Hay caminos que se recorren con los pies, pero también con el corazón. Y el que cada año emprenden los peregrinos de Aguacaliente de Gárate hacia Pánuco es, sin duda, uno de los más antiguos y significativos de nuestro pueblo.
Todo comienza un jueves alrededor de las 3 de la tarde, en el panteón del pueblo; Agua Caliente de Gárate, ahí se reúnen los peregrinos, todos llevan en sus hombros mochilas en cuyo interior continen: agua, frutas, pan y galletas, también un corazón lleno de fe.
Antes de salir de sus casas, reciben la bendición y el abrazo de sus familias. Algunos pasan frente a la iglesia para pedirle a la Virgen de la Candelaria que los cuide y los acompañe durante el camino.
Los estandartes de la Virgen del Rosario y de la Virgen de la Candelaria encabezan la marcha, entre árboles, flores y el canto de los pájaros, comienza el camino de terracería hacia Los Remos, nos divide un cerro de Mesillas. Nadie se queda atrás: unos esperan a otros, porque así se camina en un pueblo unido.
Cruzan Los Remos, de frente la presa adornada de lirios, después el camino viejo de Mesillas ya inició, el objetivo es ver a la patrona de los mineros y ofrecer su cansancio; el sol se oculta sobre el andar en ese camino viejo, la plaza del pueblo mueblero los espera para que descansen los peregrinos que emprendieron su caminar hace algunas horas, que no falte el pan, el refresco o el agua, 5 kilómetros los separan de la cabecera municipal, Concordia.
¡Ya llegaron todos! a seguir el camino a Concordia, donde pasan la primera noche, siempre sobre el piso áspero y duro del corredor de la unidad administrativa municipal, bajo un cielo que convierte ese espacio en un verdadero hotel de millones de estrellas, una camioneta cargada con colchas, almohadas y hasta parrillas los espera para desempacar el equipaje que los acompañará durante el trayecto.
El reloj marca las 3 de la madrugada, la hora de emprender el viaje nuevamente inicio, el grupo aumentó, hay quienes inician el recorrido en Aguacaliente de Gárate, otros que se suman en Concordia, cuentan las personas mayores que antes iban 80 o hasta más 100 personas, la vida cambia, la situación también, pero la fe sigue viva.
Los rayos del sol aún no se asoman por el cielo, la silueta del cerro del elefante no se distingue, él está ahí, vigilando el tesoro que dicen que resguarda, y de paso vigila el andar de los peregrinos; el letrero de la comunidad de La Guácima se ve mojado, podría ser que alguna lluvia ligera o fuerte ya haya bañado el camino de los peregrinos, ellos siguen.
El reloj marca las 6 de la mañana y Concordia ya quedó atrás, el primer descanso del día se toma en El Magistral, conocido por su arroyo donde corre el agua que baja de la sierra concordense; pero ahora no es día de recreación, ni de darse un chapuzón, es sólo admirar la belleza, poner lumbre y tomarse un café, con pan del día anterior, una tortilla con frijoles y si acaso un burrito de machaca; con el sol ya encima pasan piedra blanca, los peregrinos quieren llegar a descansar y bañarse, desayunar como Dios manda, con las comodidades que Chupaderos les ofrece, ya la gente los ubica, ya los habitantes les dan la bienvenida, unos se conocen de años, unos ya no están y otros ya no regresaron, en Chupaderos, el viejo huanacaxtle recibe nuevamente a los peregrinos bajo su sombra, como lo hizo durante generaciones y como a quienes llegaron hace 70, 80 o más años, testigo de muchas historias, pero el sigue fuerte y los espera para arroparlos con su sombra; el aire fresco que ahí corre, es testigo de nuevos peregrinos, hay tendidos por todas partes, hornillas de ladrillo improvisadas con leña preparando café y desayuno, otros dormidos y unos más bañándose con el agua helada del arroyo que corre por ese bonito pueblo.
A las 3:00 de la tarde, cuando el sol quema y sus rayos son más bravos, tienen que seguir su peregrinar, van toreando uno que otro carro que baja por la carretera libre que conduce a Durango, esa carretera caliente que hace aún más duro el andar, las anécdotas se hacen presentes, no falta el que cae, pero la fe lo levanta, el que cuenta el chiste y se pasa de boca en boca y todos ríen, todos son un equipo, los estandartes con las imágenes de las vírgenes intactos, van de mano en mano, unos cantan, otros platican experiencias de años anteriores, a lo lejos ya se divisa aquel pueblo que tuvo una bonanza minera de las más ricas del sur del estado, Copala Pueblo Señorial les da la bienvenida, ahora sólo descansan en la orilla de la carretera por unos minutos, los que ya llegaron esperan al que se quedó atrás, el que va tomando fotos, el que va documentado todo.
Antes buscaban posada en Copala, era la segunda noche, buscaban donde dormir ya sea en los portales de alrededor de la plaza, en una banqueta donde cabía una cobija y si acaso una almohada, para seguir con el camino en la madrugada, pues el primer domingo de octubre se acercaba y entrar a Pánuco con el alba era la idea, pero hoy ya no duermen en Copala, las generaciones cambian y las situaciones también; ya llegó el último, ese que venía a un paso más lento, ese que grabó una parvada de pájaros, ese que se tomó fotos o simplemente ese que venía contemplado el camino; el letrero de desviación está a escasos metros, la carretera se acabó, quedan 10 kilómetros de terracería, los mismos que se ha transitado siempre, esos que marcaron la historia de ese pueblo minero, ese conquistado por Francisco de Ibarra en el siglo XVI, ese camino que conduce a una iglesia milagrosa en ruinas como lo es la hacienda de Guadalupe, al cruzar el arroyo de Las Juntas; entre cerros y vegetación las ruinas del pueblo de Charcas se hace presente, ya casi llegan, una loma más, una curva más, un cerro más, esa es la motivación para no rendirse, la cruz de los milagros ya se ve, un pasaje histórico que guarda una historia maravillosa sobre las virgen del pueblo de Pánuco y El Rosario; Al bajar un obelisco blanco erigido en 1900 les da la grata bienvenida, ya se ve ese pintoresco pueblo, bañado suavemente por las nubes, las calles empedradas conducen hacia la plaza de armas, las calles lucen limpias y adornadas con banderitas de colores, son caminadas por un grupo de personas con fe, con cansancio, con sudor, con ampollas en los pies; ya van por el camino hacia la iglesia, ya pasan el viejo molino minero, al subir la loma se divisa la iglesia, los habitantes ya los conocen y gritan a su paso, !ya vienen los peregrinos del Aguacaliente! Todos dando el último esfuerzo, después de dos o tres días han llegado a la casa de la virgen del Rosario de Pánuco.
Al dar el primer paso dentro de la iglesia, ahí donde dicen que descansan los restos de conquistador español Francisco de Ibarra, a los peregrinos se les quita el cansancio que les proujo un camino largo y difícil, se les quitan las dolencias; pero se les llena de alegría el corazón, a unos las lágrimas le ruedan por las mejillas, otros celebran la llegada, unos más agradecen estar frente a frente ante la fe inquebrantable hacia la virgen, ante una promesa hecha en un momento difícil, unos aún tienen fuerzas para llegar a ella de rodillas, pero el momento de júbilo llegó, lo demás ya no importa, se convierte en experiencia.
Lo que importa es el momento íntimo y secreto entre la virgen del Rosario de Pánuco y los peregrinos de Aguacaliente de Garate, son los primeros en llegar, los primeros en ver su vestido nuevo, los primeros en adorarla, en agradecerle y unos más en pedirle; el calendario aún no llega al primer domingo de octubre y ellos ya están presentes para festejar y adorar por todas las bondades y bendiciones recibidas durante el año.
Después van a buscar posada, unos en portales, en banquetas y otros en casas prestadas por sus habitantes, la hermandad de dos pueblos unidos por la fe.
Lo demás es fiesta en la madrugada asisten a las mañanitas con banda, a la primera misa, donde el sacerdote hace mención de todos los peregrinos, en especial a los de nuestro pueblo, después el retorno es diferente un poco más cómodo y satisfactorio, con el corazón lleno de alegría por haber cumplido un año más con esta manda, listos para el peregrinar que sigue.
Porque mientras exista un corazón dispuesto a caminar más de 50 kilómetros por una promesa, una familia que bendiga a quien parte de su hogar y un pueblo que conserve sus tradiciones, la peregrinación de Aguacaliente de Gárate a Pánuco seguirá viva.



















