Del juego y la creatividad en la infancia a la lectura, el ejercicio y la convivencia en la adultez mayor.
Por: Francis Velarde
En una sociedad marcada por las responsabilidades escolares, laborales, familiares y sociales, disponer de tiempo para realizar actividades que produzcan satisfacción personal puede parecer un lujo. Sin embargo, los hobbies —entendidos como actividades que se realizan voluntariamente durante el tiempo libre por interés, placer o satisfacción— pueden desempeñar un papel importante en el bienestar emocional y social.
Leer, dibujar, escuchar música, practicar algún deporte, cocinar, cultivar plantas, escribir, tomar fotografías, aprender un instrumento, bailar, realizar manualidades o participar en actividades comunitarias son algunas alternativas que pueden incorporarse a la vida cotidiana. Su importancia no radica únicamente en ocupar el tiempo libre, sino en ofrecer espacios para la creatividad, la convivencia, el aprendizaje, la expresión emocional y el descanso de las obligaciones cotidianas.
La investigación científica ha encontrado asociaciones entre la participación en hobbies y distintos indicadores de bienestar. Un estudio internacional que reunió información de más de 93 mil personas de 65 años o más, procedentes de 16 países, encontró que tener un hobby se asociaba con menos síntomas depresivos y con mayores niveles de felicidad, satisfacción con la vida y percepción positiva de la salud.
Esto no significa que un pasatiempo pueda prevenir o curar por sí mismo un trastorno de salud mental. Significa, más bien, que determinadas actividades pueden formar parte de un estilo de vida que favorezca el bienestar psicológico.
La importancia de comenzar desde la niñez
La infancia constituye una etapa fundamental para desarrollar intereses, habilidades y formas saludables de relacionarse con el entorno. Durante estos años, los hobbies pueden contribuir al desarrollo de la creatividad, la autonomía, la curiosidad y la capacidad para expresar emociones.
El juego es, en sí mismo, una de las primeras formas de exploración y aprendizaje. A través de actividades como dibujar, pintar, construir, leer cuentos, bailar, practicar algún deporte, tocar instrumentos musicales o cuidar plantas, niñas y niños pueden descubrir aquello que les interesa y desarrollar nuevas capacidades.
Por ejemplo, una niña interesada en el dibujo puede disponer de algunos minutos al día para realizar ilustraciones sobre acontecimientos de su jornada. Un niño que disfruta del deporte puede practicar una actividad física apropiada para su edad. Otro puede encontrar satisfacción en armar rompecabezas, leer cuentos o construir objetos.
La clave está en que el hobby no se convierta en una obligación adicional. La actividad debe permitir experimentar, equivocarse, aprender y disfrutar.
¿Cómo incorporarlo al día a día?
Una estrategia sencilla consiste en reservar entre 15 y 30 minutos para una actividad elegida por el propio niño o niña. Los adultos pueden acompañar y proporcionar materiales, pero evitando imponer un determinado pasatiempo.
También resulta conveniente alternar actividades individuales con otras que permitan convivir con familiares o amigos. Una tarde de juegos de mesa, una caminata familiar, cocinar juntos o realizar una actividad artística pueden convertirse simultáneamente en espacios de entretenimiento y convivencia.
En esta etapa, el objetivo principal no es alcanzar un determinado nivel de desempeño, sino descubrir intereses y construir experiencias positivas.
Adolescencia: hobbies para expresarse y desconectarse de las presiones cotidianas
La adolescencia implica cambios físicos, emocionales, escolares y sociales. Las exigencias académicas, las relaciones interpersonales y la necesidad de construir una identidad propia pueden generar momentos de presión y preocupación.
En este contexto, contar con actividades elegidas libremente puede proporcionar un espacio personal para descansar, expresarse y desarrollar habilidades.
La música, la fotografía, el dibujo, la escritura, el deporte, la lectura, la cocina, el baile, el teatro, las manualidades y diversas actividades culturales son ejemplos de hobbies que pueden incorporarse a la rutina de los adolescentes.
Un adolescente que disfruta la fotografía, por ejemplo, puede proponerse observar su entorno durante una caminata y capturar imágenes de paisajes, arquitectura o situaciones cotidianas. Quien disfruta escribir puede llevar un cuaderno para redactar historias, reflexiones o ideas. Otro puede formar parte de un equipo deportivo o aprender una disciplina artística.
El beneficio no necesariamente depende de convertirse en experto. El valor está en dedicar tiempo a una actividad significativa.
El hobby como espacio de identidad
Durante la adolescencia, los intereses personales también pueden contribuir a responder preguntas como: “¿Qué me gusta?”, “¿Qué quiero aprender?” o “¿Con qué actividades me siento identificado?”.
Por ello, familias y escuelas pueden favorecer que los jóvenes conozcan diferentes alternativas sin convertirlas en competencias permanentes.
Una recomendación práctica es establecer una especie de “tiempo personal” dentro de la semana. Por ejemplo:
• Lunes: 20 minutos de lectura.
• Martes: actividad física.
• Miércoles: música o dibujo.
• Jueves: fotografía, escritura u otra actividad creativa.
• Viernes: convivencia, juegos o actividad al aire libre.
La finalidad no es llenar cada minuto del día, sino encontrar un equilibrio entre responsabilidades, descanso y actividades placenteras.
Juventud y primeros años de la vida adulta: recuperar el tiempo personal
Al llegar a la juventud y a los primeros años de la adultez aparecen nuevas responsabilidades. Estudios universitarios, primer empleo, proyectos profesionales, relaciones sociales y familiares pueden reducir considerablemente el tiempo dedicado al ocio.
Paradójicamente, cuando las responsabilidades aumentan, el tiempo destinado a actividades personales puede convertirse en uno de los primeros aspectos que se eliminan de la agenda.
Aquí los hobbies pueden cumplir una función de equilibrio. Practicar ejercicio, leer, cocinar, aprender un idioma, tocar un instrumento, pintar, hacer fotografía, realizar actividades manuales o participar en proyectos comunitarios puede contribuir a crear espacios diferentes a los relacionados con las obligaciones.
Una forma práctica de comenzar es identificar actividades que realmente generen interés y establecer una meta pequeña y realista.
Ejemplos para incorporarlos a la rutina
Leer: 10 o 15 páginas antes de dormir.
Caminar: realizar una caminata de 20 o 30 minutos algunos días de la semana.
Cocinar: preparar una receta nueva durante el fin de semana.
Fotografiar: realizar una salida semanal para observar y registrar el entorno.
Música: practicar un instrumento durante 15 minutos.
Escribir: dedicar unos minutos a redactar ideas, relatos o reflexiones.
La regularidad puede ser más importante que la cantidad de tiempo. Un hobby no necesita ocupar varias horas para formar parte de una rutina saludable.
Adultez: convertir el ocio en una decisión de bienestar
Durante la adultez, las responsabilidades laborales, familiares y económicas pueden generar una sensación constante de falta de tiempo. En consecuencia, muchas personas terminan considerando el descanso y las actividades recreativas como algo secundario.
Sin embargo, los hobbies pueden convertirse en una forma de recuperar espacios personales.
La cocina, jardinería, ejercicio, lectura, fotografía, pintura, baile, música, senderismo, manualidades y actividades sociales son algunas opciones.
Además, algunos hobbies tienen un componente social que puede favorecer la convivencia. Participar en un club de lectura, un grupo deportivo, un taller artístico o una actividad comunitaria permite combinar el interés personal con la interacción social.
La evidencia también señala que las actividades recreativas no producen necesariamente los mismos efectos en todas las personas. Lo que resulta gratificante para alguien puede ser indiferente para otra persona. Por eso, la elección debe considerar los intereses, capacidades, tiempo disponible y circunstancias de cada individuo.
Adulto mayor: hobbies que mantienen activo el cuerpo, la mente y los vínculos sociales
La llegada de la adultez mayor no significa el final de los proyectos personales. Por el contrario, puede representar una oportunidad para recuperar intereses que fueron pospuestos durante otras etapas de la vida.
Leer, escribir, cultivar un jardín, cocinar, escuchar música, bailar, caminar, practicar actividades artísticas, jugar juegos de mesa, aprender a utilizar nuevas tecnologías, participar en grupos comunitarios o compartir conocimientos con las nuevas generaciones son alternativas que pueden favorecer un envejecimiento activo.
Una investigación internacional con personas de 65 años o más encontró una asociación entre la participación en hobbies y mejores indicadores de bienestar, incluyendo menor presencia de síntomas depresivos, mayor felicidad y mayor satisfacción con la vida.
En México, investigaciones sobre adultos mayores también han identificado asociaciones entre determinadas actividades de ocio y una menor presencia de síntomas depresivos.
La actividad física adaptada a las capacidades individuales también puede desempeñar un papel importante. Una revisión sistemática publicada en 2026 sobre intervenciones no farmacológicas para adultos mayores en México encontró resultados especialmente favorables para programas estructurados de actividad física, aunque los autores señalan que la evidencia disponible todavía presenta limitaciones y diversidad entre los estudios.
Hobbies intergeneracionales
Una alternativa particularmente valiosa consiste en convertir algunos hobbies en actividades familiares.
Un adulto mayor puede enseñar una receta tradicional a sus nietos; contar historias familiares; cuidar un jardín junto con otros integrantes de la familia; aprender a utilizar una aplicación tecnológica; jugar juegos de mesa o realizar manualidades.
Estas actividades no solamente permiten mantenerse ocupado. También pueden fortalecer la comunicación entre generaciones y preservar conocimientos, recuerdos y tradiciones.
Un hobby para cada etapa, pero sin importar la edad
Tabla de propuestas

La regla de las tres preguntas
- ¿Me gusta? Una actividad elegida por interés personal tiene mayores posibilidades de mantenerse.
2. ¿Puedo realizarla con seguridad y de acuerdo con mis capacidades? Las actividades físicas deben adaptarse a la edad, condición y circunstancias de cada persona.
3. ¿Puedo incorporarla a mi rutina? No es necesario disponer de varias horas. Incluso períodos breves pueden convertirse en momentos significativos.
El reto de volver a disfrutar
En una época caracterizada por la rapidez, las pantallas, las obligaciones y la constante disponibilidad, recuperar el tiempo para realizar actividades por placer puede convertirse en una decisión consciente de autocuidado.
Un hobby no tiene que ser productivo, rentable ni convertirse en una profesión. Puede ser simplemente una actividad que permita disfrutar, aprender, crear, convivir o descansar.
La evidencia disponible respalda la idea de que determinadas actividades de ocio se relacionan con mejores indicadores de bienestar, aunque la investigación también muestra que los resultados dependen del tipo de actividad, las características de cada persona y su contexto.
Por ello, el verdadero desafío no consiste en encontrar “el hobby perfecto”, sino en hacer espacio para aquello que genera interés y satisfacción personal.
Conclusión
Cuidar la salud mental no implica únicamente atender los problemas cuando aparecen. También supone construir hábitos cotidianos que favorezcan el bienestar emocional, físico, cognitivo y social.
Desde el juego infantil hasta la jardinería, la lectura, la música, el deporte, la escritura o la convivencia durante la adultez mayor, los hobbies pueden acompañar al ser humano durante todo su ciclo de vida.
La infancia necesita espacios para descubrir; la adolescencia, oportunidades para expresarse; la juventud, momentos para equilibrar responsabilidades; la adultez, tiempo para recuperar intereses personales; y la adultez mayor, oportunidades para mantenerse activa, aprender, convivir y continuar desarrollando proyectos.
Unos minutos al día dedicados a una actividad significativa pueden parecer poco, pero representan una decisión importante: reconocer que el bienestar también merece un lugar en nuestra agenda.
Finalmente, es importante distinguir entre bienestar cotidiano y atención de salud mental. Los hobbies pueden ser un recurso complementario, pero cuando una persona experimenta malestar emocional persistente o dificultades que afectan significativamente su vida cotidiana, es importante buscar apoyo de un adulto de confianza y de profesionales de la salud mental.




