Un recorrido por los humedales próximos a la zona urbana, donde la conservación y el turismo se encuentran en un escenario de paz absoluta
Existe un Mazatlán que no se anuncia en los grandes espectaculares, un rincón de serenidad absoluta donde el tiempo parece detenerse entre canales y raíces monumentales. Recientemente, nos sumergimos en una experiencia reveladora encabezada por la subsecretaria de turismo, Celia Jáuregui, para recorrer la sección del Sistema Lagunar Huizache-Caimanero más próxima a nuestra mancha urbana. Este lugar, que ostenta la distinción internacional Sitio Ramsar desde 2007, no es solo un paisaje hermoso; es una “medalla de honor” que reconoce al humedal como un filtro purificador de agua, un escudo natural contra huracanes y un refugio vital donde la vida se reproduce sin prisas. Es un compromiso mundial para que este paraíso se mantenga intacto, funcionando como un pulmón que nos protege y un refugio de vida silvestre que tenemos la fortuna de tener a solo unos minutos del puerto.




Bajo el marco del Día Internacional de los Humedales, celebrado cada 2 de febrero, este paseo nos permitió descubrir un ecosistema vibrante que forma parte de los nuevos productos turísticos de Mazatlán, diseñados para quienes buscan algo más que sol y playa. La aventura comienza temprano, cuando la bruma aún acaricia el agua, permitiendo que la salida sea el momento perfecto para el avistamiento de aves. Es aquí donde el cielo se llena de vida; el vuelo elegante de las garzas blancas, la imponente figura de los pelícanos y el constante movimiento de aves migratorias ofrecen un espectáculo que parece ensayado. Para los amantes de la fotografía y usuarios de la app iNaturalist, cada rama y cada nido representan una oportunidad invaluable para registrar la biodiversidad que habita en este santuario.
Navegar por sus canales es adentrarse en un mundo de espejos de agua donde circulan tanto las lanchas turísticas como las pequeñas embarcaciones de los pescadores locales, quienes conocen estos caminos como la palma de su mano. Durante el trayecto, es imposible no maravillarse con los cuatro guardianes de la costa que predominan en nuestra región: el Mangle Rojo, con sus icónicos y altos zancos que se entrelazan creando pasajes naturales; el Mangle Negro, famoso por sus neumatóforos que emergen del lodo como pequeños dedos que buscan aire; el Mangle Blanco, de follaje denso y verde brillante; y el Mangle Botoncillo, que vigila desde las zonas más firmes. Estos mangles no solo son hermosos, sino que son la primera barrera natural de defensa para la ciudad; en época de huracanes, sus canales tranquilos se convierten en el refugio seguro donde los pescadores resguardan sus pangas de los vientos violentos, demostrando la conexión vital entre el hombre y la naturaleza.
La logística, coordinada por CONANP y Ecología, garantiza una experiencia de primer nivel. La llegada a los muelles se realiza a través de restaurantes locales que trabajan en armonía con operadores turísticos altamente capacitados. Aquí, la seguridad es la regla de oro: desde que se aborda la embarcación, el uso del chaleco salvavidas es obligatorio, brindando tranquilidad a los paseantes mientras se dejan guiar por gente de comunidades como la Isla de la Piedra y Barrón. Estos habitantes no solo son los guías del paseo, sino los verdaderos guardianes que producen parte de los alimentos que se consumen en la zona, creando una cadena de beneficio local que fortalece a Mazatlán.







El recorrido, que dura entre seis y ocho horas, culmina con un festín que celebra los sabores de nuestra tierra y nuestro mar. La mesa se llena de la auténtica cocina sinaloense: mariscos frescos que capturan la esencia del Pacífico, pero también platillos tradicionales de res, puerco y aves preparados con las recetas clásicas que han pasado de generación en generación. La invitación de las autoridades es clara: redescubrir este tesoro ahora que se encuentra en condiciones impecables. El compromiso que se nos pide es sencillo pero firme: visita este lugar, déjate impresionar por su majestuosidad y reactiva nuestra economía local, pero hazlo con la conciencia de un visitante responsable. No tires basura, no molestes a las especies y no te lleves nada más que tus fotos; así aseguraremos que este pulmón verde siga siendo el regalo más grande de Mazatlán para el mundo.









